WWW.LIGAPLENITUD.NET
Kevin Durant
es el único sobreviviente que queda del básquetbol sin sentimientos.
Sus expresiones son las mismas desde el inicio hasta el final, el iris
de sus ojos no se inmuta, sus brazos se mantienen calibrados sin
percibir modificaciones.
Durant está destrozando el
juego. No sólo por su físico, con brazos y piernas tan largas como aspas
de molino, sino también por su versatilidad. La fórmula de este equipo
de Estados Unidos -jamás puesto a prueba como conjunto, por el peso de
sus individualidades- luce tan simple que aterroriza:
Kobe Bryant busca la daga, LeBron James
transita todo el camino hacia el verdugo y Durant, con la naturalidad
de una tarántula, la clava hasta el fondo del pecho del que se ponga
enfrente.
No existe lugar para las concesiones.
Durant parece no entender la diferencia entre el momento frío y el
caliente de un partido de básquetbol. Corre la cancha como una versión
posmoderna de Julius Erving y lanza al aro con la maestría de Larry
Bird. Repito: Durant está destrozando el juego.
Su altura y la extensión de sus extremidades son argumentos de peso jugando para Oklahoma City Thunder
en la NBA, donde existen los mejores atletas del mundo para intentar
controlarlo. En el mundo FIBA, es directamente imposible acercarse,
porque nadie tiene la velocidad para desviarle un centímetro la mira. Es
un auto deportivo con más de seis marchas y sin freno de mano. Si le
colocas un grande, penetra hasta el fondo del aro. Si le colocas un
chico, lanza por encima de su cabeza.
Para
entendernos mejor: ni siquiera hace falta hacerle una cortina para
generar un mismatchup.
Durant ya está mal emparejado antes de empezar
cualquier acción ofensiva. Eso es destrozar el juego, porque convierte
la disputa uno contra uno en un partido que parece enfrentar a un adulto
con un chico de 15 años. O a un chico de 15 años con un anciano,
depende de qué le pongan enfrente al flamante camaleón del básquetbol
mundial.
Durant es el jugador imposible. En Turquía
2010 mostró sus credenciales arruinando a los locales en una final que
tuvo sentido hasta que él decidió tocar la perilla del partido. Frente a
todas las selecciones en los Juegos Olímpicos sucedió igual. Lo que
pasa es que Durant convierte al Team USA en el equipo más flexible,
dinámico y atlético del torneo.
Nadie en el mundo puede moverse como lo
hace él; es una gacela disfrazada de jugador de básquetbol. Es una vil
mentira decir que no defiende. Eso podía pasar hace algunos años, pero
hoy en día su desplazamiento lateral ha crecido horrores. Ya no sólo
gana en las alturas, sino que roba balones producto de sus brazos de
plastilina.
Es cierto que, más allá de Durant,
LeBron James está haciendo todo bien en este equipo. Como dijo Mike
Krzyzewski al cierre del partido ante Argentina, James "hace todo. El
trabajo sucio, el limpio y tiene el rol de líder".
Esto es completamente cierto, pero hay que entender algo: es su tercer
Juego Olímpico y tiene nueve años de experiencia en la NBA. Kobe, otro
fenómeno sin igual, tiene 16 años de antiguedad en la mejor liga del
mundo. Durant, en tanto, participa de su primer Juego Olímpico y tiene
cinco años de experiencia. Y ya jugaba así cuando destrozó a todo lo que
se puso enfrente en Turquía 2010, en una selección de Estados Unidos
calificada, curiosamente, de "equipo B".
El Coach K, gracias a su transformación del equipo estadounidense, es quien le ha permitido a Durant ser el jugador imposible. Voilá
. Su idea de jugar con cuatro hombres abiertos, y por momentos cinco cuando Kevin Love cambia con Tyson Chandler,
le permite a Estados Unidos tener millones de argumentos contra las
defensas zonales. El Team USA ha aprendido a rotar el balón a gran
velocidad, algo que no hizo jamás en los partidos que perdió ante
Argentina en 2002 y 2004, cuando todo era un exceso radical de
individidualidades. Yo no estoy seguro de que USA sepa cómo atacar una
zona si no anota los tiros a distancia, pero la realidad es que sus
jugadores son tan buenos que aún no ha tenido que hacerse esta pregunta
en todo el torneo olímpico de Londres.
En ese mundo
mágico de posibilidades, Durant aparece como la varita más afinada. No
sólo eso: su precisión es tan grande y su mecánica de lanzamiento tan
veloz que no sólo le da tres puntos a su equipo en cada oportunidad que
toca el balón, sino que genera en el rival una frustración de la que no
se puede escapar. Por eso, cada tiro de Durant se sucede con otro.
Construye en la mente de los defensores la lógica del jugador imposible.
Y cuando eso ya está posicionado en el partido, no hay regreso: se
abren todas las jaulas para que las fieras estadounidenses vuelen encima
del aro.
Durant ha sido el jugador que más tiros de
tres puntos ha tomado en un Juego Olímpico en toda la historia de su
país, con un partido aún por disputarse en Londres 2012. Lanzó 29,
mientras que Carmelo Anthony lleva 21 en esta edición. Antes, Kobe Bryant había lanzado 17 en 2008 y Reggie Miller
la misma cantidad en 1996. Frente a Argentina, el Team USA lanzó más
triples (42) que dobles (39), demostrando que, con esta lógica grupal
del equipo que juega fuera de la llave, Durant pasa a ser la tormenta
perfecta.
Julio Lamas salió a defender cajón y uno
contra Durant en el arranque mismo del juego. La idea fue interesante,
porque era meter a Estados Unidos en un terreno desconocido. Pero la
realidad es que Mike Krzyzewski ha entrenado a este grupo con todos los
artilugios del básquetbol FIBA. Mejor dicho, ha hecho un equipo más
liviano y la pelota ni siquiera tiene que ir de adentro hacia afuera
para ganar un tiro. Entre los cuatro hombres restantes la rotación de
balón fue magistral desde el minuto cero. Entonces, esa defensa que
propuso Lamas tuvo que cambiar rápidamente por los triples de Kobe. Una
vez que pasó Argentina a defender zona 2-3 u hombre, nuevamente se abrió
el cielo para Durant.
No hay que comparar a este
Team USA 2012 con el equipo de Barcelona 1992, que tuvo a las
individualidades más importantes de la historia de este deporte, sobre
todo teniendo en cuenta las diferencias que había con el resto de los
países en competencia. El mundo del básquetbol, hace dos décadas, estaba
menos desarrollado. Pero el actual roster del Team USA tiene algo que
los demás no poseen: sabe jugar mucho más al básquetbol FIBA y esto se
debe no sólo al trabajo del Coach K y su grupo de entrenadores, sno
también por los puntos de contacto que han tenido la NBA y FIBA en los
últimos años. ¿Acaso hace una década, en la NBA, se pensaba en marcar
una defensa zonal? Seamos francos: cuando apareció el equipo de
Barcelona 1992, el básquetbol del mundo cambió para siempre. Cuando
perdió el Team USA por primera vez, el básquetbol estadounidense cambió
para siempre.
LeBron y Durant están en la cúspide de
sus carreras. El primero ha ganado en confianza tras el título obtenido
por el Heat, mantiene su físico y, además del talento, le ha dado una
inteligencia sublime a su juego de ataque estacionado. De todos modos,
el segundo es el competidor más cruel que he visto después de Michael Jordan
y Kobe Bryant. KD, incluso, está madurando antes de lo que lo hizo
Kobe. No tengo dudas de que su mentalidad es tan grande como la del
escolta de Los Angeles Lakers.
Otro físico, otros recursos, pero los mismos ojos de fuego. La
capacidad de dejar vivir a la víctima un rato para luego darle a
entender que estando él en cancha, ganar no está en el diccionario
de
los rivales.
Durant, un híbrido entre Dirk Nowitzki,
Julius Erving y Larry Bird, es el nuevo jugador imposible del
básquetbol mundial. Lo han rodeado como corresponde y los frutos están a
la vista.
Sangre fría corre por sus venas.
WWW.LIGAPLENITUD.NET
ESPNDEPORTES.COM
Bruno Altieri
No hay comentarios.:
Publicar un comentario