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jueves, 23 de junio de 2011

NBA: JJ BAREA "GUERRERO DE NACIMIENTO"

Por Alvaro Martin

NUEVA YORK -- En el mismísimo primer capítulo de la biografía de José Juan Barea escrita por el periodista caribeño Chu García, nos enteramos que Barea nació con su pulmón derecho colapsado, al tragar parte del fluido amniótico del vientre de su madre Marta.

El pediatra a cargo, Don Jaime Viqueira Mariani, calmó a los padres con una observación profética a Marta: "No ves lo fuerte y luchador que es. Aquí no se muere nadie, pues tu bebé es un fajón de la vida".

De esa manera, en los primeros párrafos de su biografía titulada J.J. Barea: pequeño pero grande (Punto & Coma Editores), García nos presenta la esencia del armador puertorriqueño, que el miércoles será recibido en el Aeropuerto Internacional Luis Muñoz Marín con un desfile de apreciación, admiración y respeto de parte de sus compatriotas por su aporte notable al campeonato de NBA de los Dallas Mavericks.

García revela que Barea también padeció de un tipo de asma inducida por el ejercicio que eventualmente desapareció a los 18 años de edad. Estos contratiempos no se interpusieron a una vida llena de actividad atlética. Marta fue y es instructora de tenis en el Recinto Universitario de Mayagüez (RUM) de la Universidad de Puerto Rico y su padre Jaime nadó en la modalidad de espalda bajo la tutela del entrenador español Faustino Martínez también en el RUM.

José Juan es el menor de tres hermanos: Jason, con un buen tiro perimetral y Jaime Javier (enfrentó una colitis antes y durante las Finales), quien García describe como incapaz de meter una bola en un océano, representaron el estándar competitivo al cual el diminuto José Juan inicialmente aspiraba. Se imita el patrón del caso de Manu Ginóbili, quien en el afán de superar el nivel previamente alcanzado por su padre y hermanos mayores, tocó el cielo.

La biografía de García está repleta de anécdotas interesantes y poco conocidas: cuando José Juan tenía siete años de edad y jugaba en la división Pre-Futuras en 1992, su abuelo Salvador le ofreció cinco dólares por cada punto que José Juan anotase. El equipo mayagüezano buscaba cortar una racha de siete campeonatos estatales que portaba su rival esa tarde. Barea anotó 36 puntos y recibió un cheque por $180 dólares. García liquida la anécdota memorablemente: "su primera paga profesional con tan sólo siete añitos".

Su hermano Jaime Javier: "cuando jugábamos baloncesto en el patio de nuestra casa a José Juan no le gustaba perder, y casi nunca podíamos acabar hasta que nos ganara."

A los cuatro años de edad, ya practicaba dos veces al día, tres días por semana en la categoría Coquí. Por la mañana practicaba con niños de su edad, por la tarde con el equipo de su hermano mayor. Su entrenador de menores: José Alicea, recuerda cómo una situación fortuita redondeó el desarrollo de Barea: "dominaba tanto que crearon una regla especial cuando él tenía siete años y pico, que solamente permitía seis puntos a un jugador en vez de los 12 tradicionales. Entonces empezó a pasar más la bola".

José Juan aprendió las lides de acomodador de voleibol que le enseño su madre, porque llegó a jugar brevemente en el Voleibol Superior de su país en 1999. También despunta en el tenis.

Al avanzar como mejor jugador de su equipo y luego de la liga en la que participaba, a través de varios niveles de baloncesto juvenil, le llegó la oportunidad de jugar en el Baloncesto Superior Nacional de Puerto Rico, con Mayagüez, dirigido por quien lo dirigirá en el Torneo FIBAAméricas clasificatorio a los Juegos Olímpicos de Londres 2012, Flor Meléndez. Barea cumplía recién sus 16 años de edad, en 2001.

Dijo Meléndez, en aquel entonces, tras haberlo visto anotar 30 puntos en la liga puertorriqueña sub-21: "Su madurez sobresalía, al igual que su valentía natural."

Giddel Padilla, hermano del más reconocido jugador universitario e internacional Édgar Padilla, era jugador y representante de jugadores desde esa época y recuerda haberle dado un consejo a José Juan que acató: "Era necesario que un jugador blanco y bajito con sus características se diera a conocer por allá si quería jugar en alguna universidad, ya que resultaba muy difícil que vinieran a reclutarle al no tener reconocimiento en Estados Unidos".

Así fue que José Juan y su familia tomaron la difícil decisión que pasase un año en Miami en la secundaria Miami Christian, bajo la tutela de Arturo 'Pilín" Álvarez, un promotor cubano que arma equipos de secundaria, juveniles y hasta profesionales en el sur de la Florida, nutriéndose con frecuencia del talento desarrollado en el Caribe.

En Miami Christian tuvo que taparle la boca a compañeros de equipos y observadores que no lo conocían y se dejaban llevar por la mentira en sus ojos: que un jugador de esa estatura no podía sobresalir. En su partido inaugural, repartió ocho asistencias para aderezar sus 32 puntos. "Ha sido el jugador más competitivo que he dirigido'" señala Álvarez. "En su única temporada en Miami Christian su equipo tuvo marca de 38-2, pero lloró desconsoladamente después de las dos derrotas".

Al cierre de tan exitosa temporada, José Juan contrajo mononucleosis. Su madre Marta viajó a Miami para acompañarle. Barea impuso su deseo, jugó sus últimos ocho partidos con la condición, permitiéndole a Miami Christian convertirse en campeón estatal del estado de la Florida. Para que tengan una idea del nivel competitivo en 2002 en ese estado, el jugador del año a nivel de secundaria (conocido en inglés como 'Mr. Basketball') lo fue nada menos que Amar'e Stoudemire.

Sin embargo, todavía no recibía el reconocimiento que merecían sus logros, recepción que hasta el día de hoy solo comienza a cumplirse. Sus compañeros de selección nacional juvenil de Puerto Rico, bajo la dirección de Carlos Calcaño (probable asistente de Meléndez en Mar del Plata), no le pasaban inicialmente la pelota, así que José Juan tuvo que cortar un balón y contragolpear hasta la anotación para que se fijarán en él. Como dijo el otrora técnico John Chaney de Temple University, quien lo tuvo inscrito en unas clínicas veraniegas en esa universidad: "Atrae la atención y respeto de todos los jugadores".

El cubano-estadounidense Frank Martin, hoy director técnico de Kansas State y otrora asistente de Ron Everhart (quien en 2002 fungía como director técnico de Northeastern University en Boston) fue pupilo de Pilín Álvarez en Miami y vio jugar a Barea. De inmediato le llamó la atención a Everhart de la capacidad del armador. Pero lo que convenció a Everhart a la postre fue una llamada del entrenador Rick Pitino: "Rick estaba sentado en el gimnasio viendo jugar a José Juan. Me llamó por teléfono y me comentó: 'Ron, si todavía fuera el entrenador en Boston University (otrora rival de Northeastern), este chico sería mi primera elección'".

Aún así Everhart no le concedió una beca, hasta que Barea se presentó a una sesión en Northeastern que duró unos 25 minutos, al cabo de la cual, Everhart se dirigió al armador: "Basta ya. Te daré el balón y serás mi armador por las próximas cuatro temporadas en mi programa siempre y cuando mantengas la disciplina y las calificaciones académicas".

Fue Everhart quien insistió que Barea se sometiese a un régimen de levantamiento de pesas, que desarrollase un tiro de triple más confiable (de la distancia de la NBA, no de la NCAA que es más corta) y que se aplicara en el costado defensivo, porque la ofensiva ya podía aprovecharla un equipo de NBA que basase su ofensiva en un alto número de posesiones.

García, quien nació en Cuba pero al residir por la mayoría de sus años en el planeta en Puerto Rico, tiene la inusual suerte (que muy pocos privilegiados disfrutan) de tener dos patrias, describe como fue en el Mundial Juvenil de Grecia en 2003, que Barea comenzó a medir su talla contra los que hoy consideramos como los mejores jugadores de su generación, muchos de ellos en la NBA. Perdieron por un punto ante el campeón Australia, con Andrew Bogut. Le marcó 32 puntos en una causa perdida a Deron Williams y Dee Brown (armadores) de los Estados Unidos. Solo Linas Kleiza de Lituania superó a Barea en promedio anotador, y José Juan fue el camarero de lujo, encabezando la competencia con sus 5.9 asistencias por juego.

Dice mi colega Carlos Morales, quien podría acabar como el segundo asistente de Meléndez en Mar del Plata 2011: "La gente duda de él; por ser blanquito y bajito. Pero ya aprendí a no apostar nunca en contra de Barea porque siempre te hace quedar mal. Y no hablemos de su inmenso corazón, porque nadie le iguala."

Donnie Nelson, gerente general de los Dallas Mavericks, organiza un evento anualmente llamado los Global Games. Invita a selecciones juveniles de todo el mundo a competir en Dallas, y su torneo sirve de vitrina a los jugadores de ultramar que aspiran jugar en los Estados Unidos. Por su trayectoria como país basquetbolero, Puerto Rico es invitado anualmente y Barea aprovechó su paso por ese torneo para mostrar su capacidad.

En 2006 también selló la medalla de oro con un triple de último segundo frente a Panamá en los Centroamericanos y del Caribe en Cartagena, Colombia. Ese triple fue su respuesta a la decisión de optar por otros jugadores en la selección masculina de mayores de Puerto Rico de cara al Mundial en Sáitama, Japón, ese año.

Nelson vio el talento y temple de Barea y lo invitó al campamento de los Mavericks, tras José Juan no ser seleccionado en el Sorteo de la NBA. Barea sobrevivió el último recorte. Llega finalmente a la NBA por el ojo de Nelson, quien ha demostrado que no pone etiquetas prematuras sobre un jugador, y por la simpatía de su primer director técnico con los Mavs, Avery Johnson, también de baja estatura y quien ingresó a la NBA sin bombos ni platillos. Johnson se vio retratado al ver jugar al armador puertorriqueño.

El resto del interesante libro de García, quien ha recogido la crónica del acontecer deportivo en la isla caribeña por décadas, primordialmente para el diario El Nuevo Día, recoge las anécdotas ya más reconocidas del paso de Barea por la NBA.

La obra de García es el esfuerzo más completo de documentar los orígenes, desarrollo y efemérides de una figura notable en el baloncesto latinoamericano. Al igual que la de muchos otros jugadores iberoamericanos en la NBA, la historia personal de José Juan Barea está llena de obstáculos sobrepasados. Este libro le servirá de inspiración a muchos que estén similarmente convencidos que nada, ni nadie, los puede frenar.

espndeportes.com


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